Desde este bonito y único rincón se quiere divulgar al mundo entero que Jerez además del patrimonio multi-cultural , turístico ó festivo conocido por casi todos, tiene un patrimonio arbóreo por desgracia desconocido para la mayoría de los ciudadanos de nuestra ciudad.
¿Quiere ayudarnos a descubrirlo.......?

domingo, 19 de diciembre de 2021

Plantación de un drago en el Parque Andaluz Antonio Sanz Zamorano- Noviembre 2.021

 

El pasado 17 de noviembre, a mediodía, nuestra Asociación procedió a la plantación de una variedad de Cordyline en el Parque Andaluz Antonio Sanz Zamorano, con la autorización y colaboración del Servicio de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Jerez. Dicho ejemplar fue cedido por Dña Maria José Ojeda Sánchez, quien lo trajo directamente desde Tenerife hace ya 19 años, conservado en maceta en su domicilio anterior, y que al trasladarse a esta zona, ha solicitado su plantación al aire libre, en este parque cercano por el que pasea casi a diario, y así poder continuar viéndolo crecer en un espacio verde.

























sábado, 4 de diciembre de 2021

Una visita primaveral a La Sauceda, Cortes de la Frontera, (Málaga), con parada en la laguna del Picacho, Alcalá de los Gazules. - Mayo de 2.021.

 


Finales del mes de Mayo, en plena primavera, decidimos hacer un recorrido por la Sauceda y posteriormente pasar por la Laguna del Picacho.

Esta vez conseguimos casi pleno de componentes para la escapada de los martes, con un total de siete personas en dos vehículos, poniéndonos en marcha en las recogidas a las ocho de la mañana y parando para desayunar en la Venta el Cruce de la Barca de la Florida. Llegamos al aparcamiento de La Sauceda a las 10 y cuarto, y tras pasar unos minutos equipándonos con bastones y mochilas, contemplando la arboleda junto al arroyo y respirando aire puro, cruzamos la cancela de este Refugio de Montaña, e iniciamos el sendero por la parte lateral derecha de la Garganta de Pasadallana.



















Nuestros primeros pasos, tras una breve parada en el cartel indicador de aves de la zona,  eran acariciados por la abundante vegetación compuesta de Avena sterilis, las crestas rosadas del Galactites tomentosa, las lígulas amarillas del Leontodon longirostris o los alargados Phalaris brachystachys con forma de pequeños puritos, entre otras. 

Avena sterilis









Avena sterilis, Galactites tomentosa y Leontodon longirostris

Phalaris brachystachys









Galactites tomentosa

Galactites tomentosa



















Avanzamos hacia el gran alcornoque que da la bienvenida a los visitantes, dejando a la izquierda la tienda de recepción, y nos fuimos adentrando entre quejigos (Quercus canariensis) y alcornoques (Quercus suber), a cuyos pies crecían, aparte de las ya mencionadas, la espinosa Cynara baetica, los blancos pétalos de la Rosa sempervirens, los incipientes frutos del Pyrus communis, las flores blancas de la umbelífera Oenanthe globulosa, presentando algunas de ellas sus frutos de color rosado, la conocida hierba de San Juan (Hypericum perforatum) y finalmente los pétalos arrugados, de un rosa intenso, de los Cistus crispus.








Quejigo (Quercus canariensis)

Alcornoque (Quercus suber)




Cynara baetica


Rosa sempervirens

Pyrus communis










Oenanthe globulosa
Hierba de San Juan (Hypericum perforatum)

 Frutos de la Oenanthe globulosa
































Jaras (Cistus crispus)

Cruzamos el pequeño puente de madera, y minutos después el puente de hierro, más largo que el anterior, desde donde realizamos las primeras fotos del Arroyo de Pasadallana, con sus tranquilas aguas bañando las múltiples piedras, que parecen flotar en reposo como cabezas de cocodrilo esperando a su presa.















Para nosotros, al igual que para los amantes de la naturaleza, resulta muy gratificante deambular por estos espacios verdes, donde la abundante arboleda crece y extiende sus ramas en todas direcciones, desarrollando sus extremidades plagadas de verdes hojas, lejos de las sierras mecánicas de los inclementes podadores, que destrozan a su antojo las distintas especies que tenemos en nuestra ciudad, eliminando en cuestión de segundos tantos años de formación y crecimiento en un constante sinsentido, permitido por la Delegación de Medio Ambiente.











Volvemos al entorno de La Sauceda, disfrutando del mismo, contemplando al alzar la vista, cómo los rayos solares intentan traspasar la tupida red de ramas entrecruzadas de quejigos y alcornoques, mientras que otros ejemplares llaman la atención agitando sus decenas de brazos cubiertos de musgo y líquenes, en la parte más próxima al tronco, destacando sobremanera entre los arbustos y otras plantas variadas de menor tamaño.








Grandes rocas a nuestro paso, tapizadas de verde musgo y salpicadas de manchas blancas, como si se hubiesen derramado accidentalmente cubos de pintura, daban mucho juego al paisaje de arboleda, y alguna que otra servía de plataforma base para fotos grupales en un placentero entorno, adornado del colorido variado y ocasional de flores y plantas que presentan sus credenciales, como la Centaurea pullata, los cinco pétalos violetas de la Campanula rapunculus, la Oenanthe crocata mojando sus tallos en las aguas del arroyo o los pétalos y estandartes amarillos del Adenocarpus telonensis.






















Centaurea pullata












Campanula rapunculus

Campanula rapunculus












Oenanthe crocata


Adenocarpus telonensis.










La pronunciada pendiente, cuajada de vegetación,  que bajaba hasta el arroyo, no dejaba ver el cauce, y había que avanzar con cuidado de no dar un traspié y rodar ladera abajo.














Poco a poco nos fuimos acercando a la zona del poblado, anotando curiosas imágenes fotográficas que resaltaban a pie de sendero. Telas de araña haciendo equilibrios en los tallos secos intercalados entre los erectos Umbilicus rupestris; figuras fantasmales de algunos troncos de quejigos, cubiertos de musgo y helechos; insectos rodeados de diminutas crías, recorriendo las flores de la Oenanthe globulosa; las rosadas Centranthus macrosiphon  y Lagurus ovatus entre Carduus pycnocephalus y Bromus diandrus.

Umbilicus rupestris


Oenanthe globulosa


Lagurus ovatus entre Carduus pycnocephalus y Bromus diandrus.


Centranthus macrosiphon




Vislumbramos las ruinas de la antigua ermita, que en esos momentos estaba siendo reparada por un grupo de albañiles, y nos sentamos en el merendero adjunto, para brindar con Amontillado NPU por nuestro compañero Ángel, que ese día cumplía años, y tuvo la gentileza de invitarnos a una copa, para celebrar tan señalada fecha.

En nuestra anterior visita, desde ese punto nos dirigimos hacia la Laguna del Moral, pero en esta ocasión, comenzamos a hacer el sendero de El Aljibe, sin la pretensión de subir al Pico.












Desde el inicio, los laterales del camino aparecían repletos de helechos, tanto en la pendiente ascendente derecha, como en la descendente izquierda. En el primer tramo del recorrido, unos bonitos tallos de flores, sobresalían por encima del manto de los helechos (Pteridium aquilinum). Se trataba de la Digitalis purpurea subs. bocquetii (ahora purpurea), con flores de color rosado, tubulares, dispuestas en racimos colgantes terminales, que por su forma se les llama comúnmente dedaleras. Si miramos en el interior de la corola, aparece llena de pequeñas escamas, con el centro de color púrpura.




Digitalis purpurea subs. bocquetii

Digitalis purpurea subs. bocquetii












La mayoría del arbolado en este sector, está monopolizado por el alcornoque, árbol que con el descorche se me representa vestido con pantalones tipo pirata y calcetines marrones de ejecutivo, que parecen flotar entre estas nubes bajas de verdes helechos, perdiéndose en la profundidad de ambas laderas. Pasados 15 ó 20 minutos, un grupo de ojaranzos (Rhododendron ponticum) se materializaron a la mediación de la ladera ascendente, entre los pelados troncos de algunos alcornoques. Ascendimos por la pendiente para verlos de cerca, y tomar algunas fotos en las alturas.




Ojaranzos (Rhododendron ponticum)

















Contraste paisajístico entre las grandes paredes de piedra arenisca, de las que cuelgan racimos de plantas trepadoras, cuyos muros son acariciados por las alargadas ramas de los quejigos, y que al bajar por la ladera, aterrizamos en las aguas del arroyo, sobre el que se proyectan en ambiente reducido, algunas ráfagas de rayos solares, provocando un combinado pictórico de tonos verdes y ocres, salpicado del violeta de los rododendros. Las telas de araña también forman parte del hábitat, con su particular diseño entre las oquedades de las diferentes formas de los troncos de los árboles, aportando un extra de figuras extrañas, compuestas de velos quiméricos, perfectamente adheridos a las rugosas cortezas.




















Tras algunos minutos de desplazamiento entre las piedras del Arroyo, para sacar el máximo partido de este espacio verde, mojado por aguas cristalinas, nos dispusimos a iniciar la vuelta, pues se iba haciendo tarde y teníamos que desplazarnos hacia otro lugar. 














A nuestro experto Botánico, no le pasó desapercibido un ejemplar de Epipactis helleborine, orquídea en la que resaltan los colores amarillo verdoso, negro y violeta, como colibrís revoloteando alrededor del tallo de donde brotan. 

Epipactis helleborine



Epipactis helleborine




















Cruzamos nuevamente el poblado, y continuamos el regreso por el lateral opuesto a la ida, a un paso más acelerado. Una ligera parada en las ruinas del Molino del Medio y seguimos por el sendero hasta alcanzar la zona de aparcamiento.














Desde allí nos desplazamos hacia El Picacho, para almorzar en un merendero a la sombra, que tuvimos que improvisar, pues en todas las mesas daba el sol de pleno.

Tras el almuerzo, nos dirigimos a la Laguna del Picacho, donde nuestro profesor tenía interés en localizar en los bordes de la orilla, alguna especie singular de plantas.














Pasadas las cuatro de la tarde, las aguas de la Laguna reposaban en silencio y servían de espejo a la vegetación que la rodea, remarcando las flores rosadas de las adelfas (Nerium oleander) entre los huecos que dejaban las plantas acuáticas. Mientras nuestro experto botánico aguzaba la vista en el despunte de especies curiosas, el resto paseábamos por los alrededores, provocando el chapoteo de las ranas que tomaban el sol placenteramente sobre alguna piedra. 


















La cumbre del Picacho nos vigilaba desde las alturas, recortando el límpido cielo azul  con los tonos verdes de la montañera vegetación y grises de la arenisca del Aljibe.















Finalmente, la visita a la Laguna resultó muy positiva, desde el punto de vista botánico, pues nuestro querido profesor localizó 2 especies significativas. Hablamos del Apium inundatum 

Apium inundatum 

Apium inundatum 























y del Juncus heterophyllus, la primera poco frecuente y la segunda no citada hasta ahora en nuestra provincia.






Acabamos este doblete excursionista, lleno de aspectos positivos en todos los sentidos, y quedándonos con ganas para el próximo martes, de repetir en otro entorno igual o mejor que el de hoy.