Desde este bonito y único rincón se quiere divulgar al mundo entero que Jerez además del patrimonio multi-cultural , turístico ó festivo conocido por casi todos, tiene un patrimonio arbóreo por desgracia desconocido para la mayoría de los ciudadanos de nuestra ciudad.
¿Quiere ayudarnos a descubrirlo.......?

domingo, 28 de marzo de 2021

Sendero del río Guadalete, del puente de La Greduela a la Ermita de La Ina

 

Martes 23 de febrero, íbamos a aprovechar para hacer otro de los tramos del  sendero del Guadalete. Nos desplazamos hasta la Venta de las Carretas, y nos situamos en el puente que cruza el río y da paso a la Greduela. Desde esa posición, se veía el tranquilo discurrir de las aguas, así como la escasez de cauce, muy lejos de las inundaciones de años atrás, en los que las crecidas llegaban hasta el puente. 













La parte izquierda estaba ocupada por carteles y operarios, que estaban en faena de desbroce, en uno de los márgenes del río. 





En ambas orillas, se reflejaban alineaciones de jóvenes álamos blancos, con tarajes al fondo, y en segundo término, grandes ejemplares de eucaliptos, formando conjuntos pictóricos, realzados por los colgantes amentos, que parecen haber sido perfectamente colocados como adornos en los árboles de Navidad, suspendidos en las ramas de los ejemplares adultos.

Alamos blancos (Populus alba)

Amentos de los álamos blancos


 
















Para fotografiarlos de cerca, cruzamos el puente, y anduvimos unos metros, ofreciendo la disposición de las copas, con los rayos solares intentando atravesar esas flores sin pétalos, la sensación de estar lloviendo chuzos de punta, habiendo quedado suspendidos en el aire a velocidad ralentizada, formando figuras alineadas colgantes de las ramas desnudas de hojas. 




 












Regresamos al puente, bajamos por el lateral e iniciamos el recorrido junto al cauce del río. En esta zona, aparte de recoger la broza, también habían hecho limpieza de arboleda, formando en el suelo montones de ramas y troncos recortados, a la espera de ser recogidos. 






La arboleda predominante era de eucaliptos y álamos, siendo la mayoría de estos últimos de pequeño calibre y poco agraciados sus troncos, al menos en esta primera parte del recorrido. Los eucaliptos llevan más tiempo junto al río, habiendo tomado los ejemplares una altitud considerable. 














De los tocones, bordeados de hojarasca, comenzaban a brotar nuevas hojas, de color marrón rojizo, resaltando con el reflejo de los rayos solares, sobre los trifolium verdes que los rodeaban. 

















Conforme avanzábamos, la vegetación junto al río se hacía más espesa, formando una maraña que obstaculizaba nuestro paso. Tuvimos que continuar subiendo una loma, por un camino pegado a la alambrada de una finca contigua. La densa hierba estaba adornada por los pétalos amarillos de las Oxalis pes-caprae, que cubrían tanto los bardos como los laterales del sendero junto con las malvas aún sin florecer. 


Oxalis pes-caprae



















Oxalis pes-caprae

Continuamos progresando por este espacio, donde se apreciaban las huellas de vehículos, casi tapadas por la hierba, acompañándonos por la derecha algunas hileras de álamos blancos, que en ocasiones nos encontrábamos con ejemplares de buen tamaño, con los troncos cubiertos de plantas trepadoras, como la Smilax aspera, dando la sensación de que estaban desfilando en un desfile estacional. Algunos estaban arropados en temporada de invierno, como enfundados en grandes abrigos de hojas verdes, mientras que otros llevaban el traje más holgado y vaporoso, con las lianas colgando desde sus ramas más altas, hasta el suelo.






































De vez en cuando se abría algún claro a lo lejos, y podíamos divisar el río. Pero el resto del recorrido, la vista era ocupada por una masa de arbustos, mezclados con eucaliptos y álamos, entre los que habían carrizos, tamarix, las espinosas zarzas o las blandas hojas de las cicutas a punto de florecer.
















Los eucaliptos sobresalían con autoridad sobre este mini bosque que ronda el Guadalete, jugando sus altas ramas con los reflejos solares que se escondían tras ellas.















Desviando la mirada hacia el río, daba la sensación de estar flotando en un mar de nubes vegetales, de múltiples tonos verdosos, entre las que emergían los blanquecinos ramales de los álamos, con las capas adheridas de amarillentos líquenes.














Llegamos hasta la altura de la Ermita de La Ina, como fin de recorrido, desde donde apenas podíamos divisar parte de su pequeña torre, por lo tupido del paisaje. Hacía una semana, estuvimos en la orilla opuesta, visitando los alrededores de esta ermita de Ntra. Sra. de la Victoria de Aina, que data del siglo XIV, y que fue levantada en memoria de una gran gesta histórica en 1339, en esta zona.













La entrada a la ermita está adornada por una fila de palmeras washingtonias, situadas junto a una alambrada, que separa un campo de cultivo de naranjos. 













El recinto de acceso, tiene varios bancos de piedra, y parterres con arbustos de pittosporum, entre otros, con algún pino que provee de sombra a esa zona de descanso. Delante de la ermita hay un pozo de paredes blancas, como las de la capilla. Nos asomamos al rio, pero el terreno estaba blando y peligroso, además de mucha vegetación, y optamos por quedarnos arriba para evitar cualquier percance.

 














Si nuestro visitante desea hacer un recorrido fotográfico por esta ermita de gran valor tanto histórico como artístico, pinchar en el siguiente enlace:


Ermita de La Ina


Por último reseñar que este tramo del sendero del río Guadalete, es el tramo final contemplado en el proyecto presentado por Ecologistas en Acción, a cuya propuesta se ha adherido nuestra asociación.

Quien quiera conocer este proyecto solo tiene que pinchar en el enlace siguiente:

Sendero del Guadalete

domingo, 21 de marzo de 2021

Bienvenida a la Primavera

 Hoy 21 de Marzo es el primer día de la primavera y queremos comenzar nuestro recorrido por esta estación con este vídeo de bienvenida





Un paseo por la Laguna de Medina (Febrero de 2.021)

 

 

Tras algunas semanas de ausencia, añorando nuestros habituales contactos con la naturaleza, motivados por la pandemia y las inclemencias del tiempo, en el mes de Febrero hemos efectuado una escapada mañanera a la Laguna de Medina. Ya echábamos de menos el respirar aire puro, aunque filtrado con mascarillas, y poder pasear un rato por los alrededores de Jerez. 

 

























Nos desplazamos 4 componentes de la Asociación al mencionado lugar, y comenzamos el recorrido. 

Echando una rápida ojeada al cartel de anuncio del sendero, cruzamos la cancela de entrada, coincidiendo con un grupo de ciclistas, y anduvimos el centenar de metros que nos separaban del inicio de la pasarela de madera.

 






















Este primer trayecto, estaba flanqueado en ambos márgenes, por pináceas, acebuches, lentiscos y coscojas, estando los extremos del camino, cubiertos de verde hierba, fruto de las abundantes lluvias invernales. Más adelante, comentaremos algunas especies que frecuentan estos espacios, asentados en los límites del terreno. 

 

Acebuche


Coscoja









La vegetación de estos senderos, junto a una laguna, como bien conocerán los frecuentes visitantes, está concentrada en distintas especies, según la mayor o menor proximidad al agua. Vamos a ir avanzando, y las iremos nombrando conforme nos las vayamos encontrando. 





 











Al comienzo de la pasarela, un cartel con la historia de la Laguna, donde aparecen las fotos de algunas especies de aves que transitan por estas aguas, como el Porrón pardo, la Cuchara común, los Ánades rabudo, friso y azulón, el Pato Colorado, la Focha común, la Focha cornuda o la Malvasía cabeciblanca.

 



A la izquierda de la pasarela, va paralelo el camino para peatones o ciclistas, y a la derecha, se mezcla la diversa vegetación seca, entre la que sobresalen los espinosos tallos de los Cardos, con los nuevos brotes verdes, que poco a poco irán cambiando los colores ocres por los primaverales. 

 




Cerca de la pasarela, destaca un grupo de Narcissus papyraceus, con sus pétalos blancos estrellados, resaltando las amarillas anteras de los estambres. Esta variedad es característica, por el mal olor que desprenden sus flores. 

 

Narcissus papyraceus













Unos pasos más adelante, también nos llamó la atención entre secas eneas, conjuntos de hojas pecioladas, color verde oscuro, de las que sobresalían flores con 10 ó 12 pétalos, de un amarillo brillante. Estamos hablando de la Ranunculus ficaria, que la vimos en 2 ó 3 ocasiones, al principio del recorrido. 

Ranunculus ficaria




Continuamos avanzando, sin ver aún la Laguna, pero sí la vegetación más alejada de ella, que la componían paneles de tarajes con tonos pardo rojizos, que poco a poco se iban acercando al sendero. 

 



















Las negras aceitunas iban salpicando las ramas de los acebuches, que mezclados con los lentiscos, servían de soporte y base para las plantas trepadoras, como la Clematis cirrhosa, semejantes a pequeñas escobillas blancas y plumosas que se van repartiendo entre las ramas y hojas, decorando de alguna forma la arboleda lateral del sendero. 

 











Clematis cirrhosa










Pronto íbamos a divisar las tranquilas y azuladas aguas de la Laguna, precedidas de la vegetación palustre, que desde la más cercana al agua a la más alejada, la componían carrizos, juncos, castañuelas y eneas. Este tipo de vegetación, tiene la doble función de atraer a distintas especies de aves, así como a los insectos, que a la postre, servirán de alimento a esa fauna avícola. 

 











Los rayos solares de esta espléndida mañana, se filtraban a través de las hojas de los lentiscos, formando un combinado multicolor de rojos, verdes y amarillos, en algunas de sus ramas más extremas. Algunas hojas de calabaza, asomaban entre los arbustos, y tras media hora de predominio sobre las tablas de madera, un par de pinos nos anunciaban el final de la pasarela, y el contacto nuevamente con el duro suelo, a veces con zonas de barro. 

 

Lentisco










Calabaza










A la derecha, una plantación de pequeños olivos, por cuyos carriles aparecían las huellas de las ruedas de los tractores, cubiertas del agua de las últimas lluvias. 

 












Esta zona del sendero, la cubrían palmitos, jaras y lentiscos, así como diferente vegetación en los bordes, apareciendo algún gamón (Asphodelus albus) aislado, todavía incipiente.

 














gamón (Asphodelus albus)

gamón (Asphodelus albus)
































La arboleda se iba espesando, y en pocos metros se unían las copas de ambos extremos, formando una cueva vegetal de las especies aludidas, a las que se sumaban algunos algarrobos, dotando al sendero de un aliciente adicional de figuras semicirculares, con distintas tonalidades de verde. 

 












Muy abundante la Urtica membranacea, en ambos laterales, entre las que crecen otras especies como el Arisarum simorrhinum, cuyas espatas rayadas, blancas y pardas, aún no asomaban entre las hojas sagitadas, como las del Arum italicum, que tampoco tenía sus inflorescencias rojas; el Marrubium vulgare, con sus hojas averrugadas, también está bastante esparcido, ahora con el fruto seco en forma de  pelotitas encadenadas Algunas variedades de perejil silvestre, y nuevos brotes de cardos repartidos entre la abundante hierba.

Urtica membranacea

 








Arisarum simorrhinum y Arum italicum

Marrubium vulgare










En primavera, todo esto cambiará, y estos tallos verdes cubiertos de hojas, irán floreciendo, como los Phlomis purpurea, o los labiérnagos, ya con pequeños brotes.

 

Phlomis purpurea









labiérnagos











Unos minutos más tarde, doblamos a la izquierda y llegamos al mirador de aves, que estaba ocupado por un fotógrafo, que con su gran objetivo, estaba atento al movimiento de los flamencos, que casi monopolizaban la Laguna, paseando de un lado a otro, ocultando bajo las aguas su largo cuello y el pico rosado, en busca de alimento. Este deambular zancudo de un lado a otro, se veía interrumpido de vez en cuando, por algún sobrevuelo de otras aves, o por el despegue y aterrizaje de los propios flamencos, que al desplegar las alas, formaban un combinado tricolor de blanco, negro y rosado, que ponían en movimiento los atentos objetivos de las cámaras

 











Aquí se congregan muchas especies acuáticas, y fue declarada Reserva Natural en 1987. Un par de años más tarde, pasó a ser humedal de importancia internacional acogido al convenio Ramsar, y zona de especial protección para las aves por la Unión Europea.



 






Destacan en número la focha común, malvasía, flamenco común y la cerceta pardilla. Entre otras aves, también la frecuentan el somormujo lavanco, la gallineta común, la cigüeña blanca, la espátula común, el ánade silbón, y el porrón moñudo.

 


Abandonamos el mirador y seguimos por el sendero, que seguía formando dibujos geométricos en la unión de las copas de la arboleda, cuyos troncos crecían en ambos laterales.

 











Tras un corto trecho, el camino que bordeaba la Laguna era inaccesible, y regresamos hacia el punto de partida. Nos cruzamos con algunos senderistas y visitantes de la Laguna, entre los que había una pareja que llevaba un magnífico Airedale terrier, de grandes proporciones, que provocó un rato de charla con sus dueños, movidos por la belleza del animal.

 

Tras una foto con el perro, continuamos nuestro camino, esta vez con menos paradas, aunque siempre se pasa algún detalle, que a la vuelta, y con distinta perspectiva, no pasa desapercibido. Así ocurrió con un gran arbusto de Salvia rosmarinus, cuyo nombre popular es romero, que con sus verdes tallos de hojas estriadas, cubiertos de bilabiadas flores azul violeta, estaban siendo invadidos por una buena cantidad de abejas, atraídas por el olor y sabor de esta aromática planta. 

 

Salvia rosmarinus


Salvia rosmarinus









Vimos algún grupo más de Ranunculus ficaria, y unos tímidos tallos con flores amarillas de Senecio angulatus, antes de llegar a la cancela de entrada.

 

Senecio angulatus











Lentisco





























Pasamos por delante de la Casa forestal, y subimos un poco hasta el Observatorio de la Malvasía, donde pudimos obtener una vista completa de la Laguna de Medina, completando el reportaje fotográfico desde esa posición, y divisando al fondo un grupo numeroso de aves de plumaje blanco, en animada reunión avícola saliendo y entrando del agua, jugueteando en esta Reserva Natural, que hoy estaba ocupada por bastantes especies.