Desde este bonito y único rincón se quiere divulgar al mundo entero que Jerez además del patrimonio multi-cultural , turístico ó festivo conocido por casi todos, tiene un patrimonio arbóreo por desgracia desconocido para la mayoría de los ciudadanos de nuestra ciudad.
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miércoles, 15 de noviembre de 2023

EXCURSION AL RIO GUADALMESI, (3-10-23)

 



Martes 3 de octubre, se había programado excursión al Sendero del río Guadalmesí, en el término municipal de Tarifa. La longitud aproximada de la ruta circular es de algo más de 6,5 metros.

Hemos podido realizarla 4 compañeros, quedando a las 8.45 para desayunar y salida posterior hacia nuestro destino.

Decidimos dejar la comida en el coche, pues calculamos que podríamos regresar sobre las 3 de la tarde, y así comer tranquilamente en el Área recreativa de El Bujeo, junto a la zona de aparcamiento. Nos llevamos sólo lo necesario para un rengue, y provisión de agua para el camino.












Nos pusimos en marcha a las 10:50 a través de una pista, que sería el tramo de ida. El regreso fue más laborioso, dado el trazado del río y los constantes altibajos del terreno, así como la dificultad del mismo. A todo ello se une el retraso botánico, motivado por la aparición de numerosas especies que nuestro profesor va captando a lo largo del sendero, de las cuales se toman muestras y se fotografían con minuciosidad.

Así que, con este preámbulo, vamos a ello.

Nada más empezar, se nos vino a la vista un grupo de flores, de color rojo y amarillo, llamadas Asclepias curassavica, y que por su colorido las llaman también bandera española, entre otros nombres comunes.


Asclepias curassavica

 Mientras tomábamos fotos de ellas, nuestro profesor nos señaló un gran eucalipto, pero con grandes diferencias sobre los habituales que conocemos, por su curiosa floración y frutos. Hablamos del Eucalyptus globulus, que crecía junto al camino, dentro de una parcela cercada, presentando unas inflorescencias redondas, cubiertas de estambres como grandes pestañas, de color blanco amarillento, y los frutos cápsulas angulares que contienen pequeñas semillas.

Eucalyptus globulus













A nuestro paso, resaltan los rojos frutos de los majuelos, cargados de ellos en esta época otoñal. Al fondo, el paisaje montañoso atestado de nubes de algodón verde intenso, que lo forman las copas de los pinos totalmente amontonados unos sobre otros, sólo despejados por la roca arenisca de aljibe que anula el crecimiento en las zonas donde proliferan.













Había ganado suelto por los alrededores, aunque alejados de la pista del sendero. 


Hay una planta que nos la íbamos encontrando frecuentemente, muy semejante a los
Asphodelus, con el nombre de Drimia maritima, de flores blancas con nervio medio purpúreo, estambres blanquecinos y anteras verdosas, con el mismo número de sépalos.

Drimia maritima

La mayoría de la masa arbórea son alcornoques (Quercus suber), que crecían en la ladera del camino, formando posturas inverosímiles, y algunos en posición horizontal, se doblan formando un codo con forma de L, manteniendo el equilibrio en sus tupidas ramas.




Llegamos a una zona encharcada, donde encontramos algunos arbustos entre las piedras, con distintas tonalidades. Por un lado, la Erica umbellata, con inflorescencias terminales de 3 a 6 flores ovoideas de color rosa fuerte, bastante más grandes que otras próximas, de un rosa más suave, (Calluna vulgaris).

Erica umbellata

Erica umbellata



















Calluna vulgaris

Calluna vulgaris



















Entre el terreno cubierto de hierba, pisadas fangosas de ganado, piedras y arbustos, nuestro profesor localizó unas minúsculas flores de color malva, blanco y amarillo, en número total de 4 o 5 repartidas por ese espacio húmedo, que resultaron ser la Baldellia ranunculoides

Baldellia ranunculoides

Baldellia ranunculoides



















En ese mismo espacio, también se distinguían algunos Cyperus mundii, con inflorescencias en forma de umbela y espículas pardo rojizas. También otra especie, Cyperus flavescens, muy parecida a la anterior.



Cyperus mundii

Cyperus mundii




Cyperus flavescens

Cyperus flavescens



















Al otro lado de la zona húmeda, a nuestro profesor no le pasó desapercibida una pequeña planta herbácea, de unos 15 cm. de alta, Clinopodium menthifolium subsp menthifolium, de cuyo tallo destacaban algunas flores de color blanco rosado, entre cuyos pétalos sobresalía uno en forma de bandeja, sobre el que aparecen unas manchitas rosa-púrpura, como pequeños tatuajes, realzando la belleza de las flores. Entre las piedras, y asomando sus delgados y erectos tallos terminados en campanillas blancas con la base rosada, destacaban las Acis autumnalis, completando así este cuadro de terreno encharcado, al pie del sendero.

Clinopodium menthifolium subsp menthifolium












Acis autumnalis











En lo alto del cielo azul, un águila calzada o culebrera, a esa altura difícil de saber, cruza el espacio en busca de alguna presa, o disfrutando de un placentero vuelo. A lo lejos, a nuestra izquierda, la silueta entre montañas de la Torre Almenara de Guadalmesí, que data de finales del siglo XVI.













Continuamos nuestra ruta senderista, llena de paradas botánicas, tomando buena nota de las distintas especies vegetales junto al camino. Se repiten a nuestra derecha grupos de Calluna vulgaris, compartiendo el espacio con los abundantes Torviscos (Daphne gnidium), muchos de ellos copados de flores blancas combinadas con frutos rojos, sobre un nido de hojas verdes lanceoladas.

Calluna vulgaris










Calluna vulgaris










Torviscos (Daphne gnidium)

Torviscos (Daphne gnidium)



















Hay algunas especies, que, por su parecido floral, dan lugar a confusiones. Pero esto no ocurre con nuestro profesor, pues mientras a nosotros nos parece una cosa, luego resultan ser otras bien distintas. Como muestra, las flores amarillas de cáliz bilabiado y corola amariposada, en arbusto muy espinoso, que en esta ocasión se trataba del Stauracanthus boivinii, nada que ver con otras similares de la misma forma y colorido.

Stauracanthus boivinii

Las lomas montañosas, dejaban a veces grandes huecos entre la arboleda, que se cubrían totalmente de helechos (Osmunda regalis), formando un manto superpuesto de grandes peines de hojas, mezcladas de colores verdes, ocres y marrones, simulando olas en movimiento, cuando la brisa del viento acaricia las suaves frondas bipinnadas.

Osmunda regalis

Cubierto el km. 2 de la pista, y pasadas las doce de la mañana, una zona de humedales a la derecha, donde en condiciones de lluvia, debía discurrir el agua en forma de cascada, pero que en esta época estaba prácticamente seca. Entre la diversa vegetación, algunos ejemplares alisos (Alnus glutinosa) asentados en este lugar, buscando el frescor del agua que no termina de llegar. Aparte de la abundancia de alcornoques, casi todos despojados del corcho en su parte inferior, también localizamos bastantes quejigos (Quercus canariensis). 






Pasamos junto a un grupo de rododendros, entre los cuales colgaban las flores en racimos estrellados, de la falsa zarzaparrilla (Smilax aspera). Cerca de ellos, el brillo metálico de las drupas de color azul oscuro de los Viburnum tinus, tomaban el sol bajo las verdes hojas opuestas de su tallo. 

Smilax aspera

Viburnum tinus



















Avanzamos bajo un cielo que al principio del recorrido estaba cubierto con sensación de humedad, y que pasada una hora y media se había despejado y empezaba a hacer calor. No obstante, al frente y a lo lejos, la parte superior de la montaña estaba parcialmente cubierta por nubes, formando una capa de niebla sobre la arboleda más cercana a la cima. Esa compacta arboleda estaba compuesta por un amplio pinar de una variedad distinta a las más habituales y conocidas. Hablamos del Pinus radiata, que al igual que el pino canario, sus acículas están formadas de tres en tres.













A nuestra izquierda, y en la parte baja de la ladera, destacaba un muro de gaviones en un claro de la arboleda, entre 20 y 30 m de largo.



Ya estábamos cerca del recodo de la pista, donde se suponía que comenzaba el camino de vuelta junto al río. Dos de nuestros compañeros se alejaron un poco para dar con el cartel indicador y poder realizar los más de 3 km. restantes. En este ínterin, nuestro profesor se fijó que, entre un grupo de piedras, y semi cubiertas por hojas y pasto seco, asomaban tres o cuatro cabecitas amarillas, que resultaron ser Lotus palustris, poco o nada frecuentes en esta zona. Así mismo, unos pasos más adelante, otra variedad curiosa de pequeñas flores acampanadas en posición horizontal, de color rosa-púrpura, llamadas Scutellaria minor, presentando su labio inferior más abierto, en forma de bandeja, adornado con pequeñas manchitas moradas, simulando un tatuaje. Parece que, en este pequeño tramo, se habían puesto de acuerdo una serie de especies no habituales, y de hecho también descubrimos unas orquídeas que no habíamos visto en otras excursiones, y que estaban agrupadas al borde del sendero. Se llaman Spiranthes spiralis, y las pequeñas flores blanquecinas, cubren un tallo peloso en forma de trenza, formando una espiral desde la punta hasta su base.


Lotus palustris

Lotus palustris


Scutellaria minor

Scutellaria minor






































Spiranthes spiralis

Spiranthes spiralis






















Nos reunimos con los otros compañeros, e iniciamos la vuelta junto al curso del río, por un camino más complicado y lleno de altibajos, raíces y piedras. El pequeño bosque de alcornoques aparecía agrupado y con el pantalón remangado, dejando al descubierto el tronco desprovisto del corcho, que en la zona de helechos parecía que sorteaban los mismos, como si estuviesen dentro de un mar verde y marrón sin querer que la parte cubierta de corcho se mojase.
















Antes de llegar a la superficie baja del río, en un claro entre piedras y diferentes hierbas, aparecieron unas cuantas flores de color lila-rosado, que resaltaban en el camino. Hablamos de la Colchicum lusitanum, con 6 sépalos ajedrezados, nervio medio de color blanco y 6 estambres con anteras amarillas, teniendo los estambres internos más largos que los externos. 

Colchicum lusitanum













El cauce del río estaba plagado de grandes piedras, con aguas turbias y escasas, pero con el efecto del sol, formaba cuadros de distinto colorido. Buscamos un lugar adecuado para hacer el rengue, dando cumplida cuenta de una copita de vino y algo de picar, pues aún quedaba bastante trecho y había que reponer energías.





Las piedras, el agua y el arbolado, daban mucho juego a nuestros fotógrafos, intentando captar planos recordatorios del sendero que amplifiquen la belleza del paisaje.





 Las piernas se ejercitaron bien en todo el trayecto, pues el camino era un constante subir y bajar, alejándonos o acercándonos al cauce del río. La mayor parte del recorrido, íbamos a la sombra del arbolado, que, dada la subida de temperatura, era de agradecer, y se notaba mucho en los claros que cruzábamos rodeados de helechos, hierbas y arbustos, deseando alcanzar la sombra de alguna copa arbórea que nos parapetara de los ardientes rayos solares.
















En uno de nuestros acercamientos al escaso cauce del río, pertrechado de grandes piedras, entre las cuales formaba pequeñas charcas de agua casi estancada, nuestro profesor se fijó en el margen opuesto, una reducida planta de hojas verdes, que le llamó la atención. A fin de comprobar su especie, buscó la forma de llegar al objetivo, entre el angosto espacio que dejaban las grandes piedras. Con la mitad del equipo observando la escena como espectadores, tanto él como nuestro fotógrafo alcanzaron la planta, y a ras de tierra comprobó que su vista había sido certera, pues estaba frente a otra Scutellaria minor, que ya habíamos visto al pie de la pista del primer tramo, y que su nombre deriva de la palabra griega "escutella", que significa pequeño plato o bandeja, por la forma de sus sépalos.




Regresamos a la versatilidad del sendero, pendientes de los altibajos del mismo, y con más cuidado de pisar adecuadamente para evitar algún percance, que, de ir recreando la vista a nuestro alrededor, disfrutando de la combinación paisajística, que era para todos los gustos. 

Esa combinación a distintas escalas, estaba formada por la base pedregosa del río, donde los líquenes decoraban distintas partes de las piedras, como si estuviesen afectadas de psoriasis; el lento transitar de la corriente entre luces y sombras, con amalgama de colores verdosos y marrones; los mantos de helechos en escalas de más altura, mezclados con alcornoques, quejigos y otras especies vegetales, donde las plantas trepadoras hacen su agosto, abrazando hasta lo más alto los apetitosos troncos donde practican la escalada.





En algunos quejigos de gran porte, sobre la cruz de división de su tronco, se asientan como grandes escuadrillas de aviones, los incipientes helechos mezclados con alguna que otra trepadora, dando la sensación de ser árboles velludos tomando el sol que se filtra entre las abundantes ramas.





Seguimos nuestro periplo sin saber qué dificultades encontraríamos en el resto del sendero, y que la temperatura inesperada lo hacía más duro para algunos de los compañeros, sucediéndose las subidas y bajadas en diferentes tramos, donde en la arbolada montaña verde, surgían a veces algunas canas ocres, representadas por árboles caídos con las hojas secas, o árboles ya sin vida que mantienen erguido su tronco y ramas.














Cercana ya las 4 de la tarde, subimos el último repecho, pasando una zona de grandes piedras antes de enfilar la vereda que nos llevaría hasta la pista inicial del sendero. Pero al comenzar la vereda, vimos a unos 100 metros un grupo de reses pastando por la zona, estando una de ellas con prominente cornamenta y color negro, asentada en la misma vereda. En principio creímos que era un toro y quedamos paralizados, pero unos segundos más tarde apareció a su vera un pequeño ternero, y entendimos que era una hembra con su retoño. Eso tampoco ayudaba mucho a continuar con nuestro avance hasta la ansiada pista, pues la presencia del ternerillo podría suponer más peligro, si cabe. Intentamos asustarla con piedras y gritos, apostados tras unas rocas por si acaso, pero el animal no se movía un centímetro. No nos quitaba la vista de encima, y no había camino alternativo. Nuestro fotógrafo se aventuró a dar un rodeo entre la maleza, y la vaca no le quitaba ojo, siguiendo con la mirada el recorrido de nuestro amigo, hasta que logró ponerse detrás de madre e hijo. Ya nos disponíamos el resto a seguir a través de la maleza, cuando el animal se puso en marcha girando a su derecha con el ternero, y dejándonos vía libre la vereda, aprovechando la oportunidad para quitarnos de enmedio, antes de que se arrepintiera.

Este retraso imprevisto, hizo que nuestros estómagos estuviesen en pie de guerra, ya que el almuerzo se iba retrasando cada vez más. Llegamos a la pista y a pie ligero, con descansos alternativos, pues aún quedaba un buen trecho, regresamos al parking y nos instalamos en el merendero para almorzar. Afortunadamente, a pesar del calor, las bebidas se habían conservado frías en las neveras y pudimos disfrutar de la comida en su totalidad.

















Hasta aquí una excursión con muchos alicientes y novedades botánicas, donde realizamos un esfuerzo superior a lo habitual, pero que mereció la pena el desgaste de energías.