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domingo, 11 de abril de 2021

Sendero del río Guadalete - Del puente de la Greduela hacia el puente de Cartuja

 Martes 23 de marzo, nueva visita al Guadalete. Tras desayunar en la Venta Cartuja, hicimos una visita corta alrededor del puente del siglo XVI para tomar fotografías, contemplando el paisaje verde, combinado con el colorido de las flores y plantas de este tiempo. 













El morado de la  Malva sylvestris, la Echium plantagineum y los Silybum marianum, o el amarillo de la Sonchus oleraceus, daban juego con el fondo de los arcos del puente y las aguas del Guadalete. 

Malva sylvestris









Echium plantagineum











Silybum marianum









Sonchus oleraceus












Sonchus oleraceus











Luego nos dirigimos hacia la Venta Las Carretas, para partir desde el mismo lugar que hace un mes exactamente, el puente de la Greduela. En esta ocasión, siguiendo el curso del río en su margen derecha y hacia el puente de Cartuja, íbamos a descubrir un nuevo sendero, desconocido para nosotros.





Situados en el puente, el paisaje había cambiado totalmente desde la última vez. Los álamos (Populus alba) se habían cubierto de sus características hojas ovaladas o palmeadas, dentadas, con el haz verde oscuro y el envés blanquecino, que parecen estar constantemente enviando señales luminosas, cuando la suave brisa mece sus ramas. 





















Populus alba (Alamo blanco)
















Los amentos femeninos se iban deshaciendo lentamente, esparciendo sus semillas envueltas en pelusas flotantes, que se van posando entre ramas y arbustos, dejando los caminos y el terreno cubiertos de una capa blanquecina, que simulan un paisaje nevado.

























Hechas las inspecciones rutinarias del entorno, bajamos hacia el río, en cuya vereda íbamos encontrando distintas especies de hierbas, flores y arbustos, entre los cuales distinguimos a los hinojos (Foeniculum vulgare), con abundantes caracoles; la estrellada Centaurea pullata, resaltando con su colorido rosa fucsia; las inflorescencias de la Euphorbia segetalis, en umbelas, formando pequeños cuencos de color verde claro, o las adhesivas espiguillas siempre presentes en los espacios verdes. 

Hinojos (Foeniculum vulgare)










Centaurea pullata

Centaurea pullata










Euphorbia segetalis

Euphorbia segetalis

espiguillas













El lateral estaba cubierto de espinosos Rubus ulmifolius, los cuales, afortunadamente, habían sido limpiados de la parte más próxima al cauce, y pudimos caminar junto a la orilla del Guadalete. 



Rubus ulmifolius

Algunos arbustos y plantas habían crecido cercanos al agua, y con la floración, pronto llenarán de colorido ambos márgenes, como grupos de Lythrum salicaria, repartidos en diversos tramos. También iban cogiendo espacio las Conium maculatum, muy tóxicas, con sus espigados tallos acabados en pequeños paragüitas de flores blancas. 

Lythrum salicaria













Cicuta (Conium maculatum)

Cicuta (Conium maculatum)









Continuamos por la zona despejada, destacando algunos ejemplares por su forma o tamaño. Un eucalipto de gran porte, así como un voluminoso tamarix; álamos pegados al río, con sus ramas dobladas casi tocando las turbias aguas, y otro haciendo equilibrios, casi perpendicular al suelo, intentando conservar la vida en esa difícil postura. 


tamarix













Algunos tarajes inclinando sus ramas, asomándose al paso de la corriente, y remojándose en la cercana orilla, nos daban paso al inicio del sendero por la parte accesible, contigua al río. 






















Nuestra experiencia aconseja no hacerlo en pantalón corto, aunque en Semana Santa podría ser un sistema de penitencia, para quien guste flagelarse las piernas. 








A pesar de la vegetación, el camino se veía asequible, y fuimos avanzando entre la joven arboleda, las altas zarzas, un mar de ortigas y muchas ramas secas. La espesura por la parte izquierda, impedía que nos acercáramos al río, así que había que seguir el sendero hasta que llegamos a un pequeño claro que daba acceso al mismo. Esa abertura estaba flanqueada por la tradicional arboleda de álamos, con los troncos verdosos por el grado de humedad, y algunos tarajes junto a la orilla. 
























Los Rubus eran nuestros eternos acompañantes, con los ramales cubiertos de rojas espinas, entre las que se enredaban las pelusas de las semillas de los amentos. El sol se filtraba entre los ramales, dejando al descubierto las elaboradas telas de araña, que brillaban ocultas entre hojas y púas repartidas en la vegetación. 

Rubus (Zarza)

Rubus (Zarza)












No podían faltar en esta época las peludas borrajas (Borago officinalis), con sus tallos como tentáculos terminados en cápsulas ovoides, de las que van saliendo unas bonitas flores de pétalos azules triangulares, desde cuyo centro salen unos estambres negros, que se unen en la punta, formando una especie de aguijón, y en conjunto puede simular la cabeza de un insecto. 

Borrajas (Borago officinalis)

Borrajas (Borago officinalis

Borrajas (Borago officinalis

Borrajas (Borago officinalis




































Más adelante, el sendero buscaba la salida hacia un carril paralelo, al que llegamos dejando atrás una concentración de Diplotaxis virgata. Accedimos al carril, cruzamos una cancela, y seguimos avanzando sin perder de vista el tupido cauce del río. 

Diplotaxis virgata

Vimos un hueco por donde acercarnos nuevamente, y poder tener las aguas más próximas, y nos aventuramos cual Indiana Jones, a descubrir un nuevo sendero. 















Entre ramas y arbustos, trozos de tuberías, utensilios de pesca, maderas y estacas, fuimos buscando otro de los accesos al río, donde el paisaje continuaba selvático, con multitud de lianas colgantes de trepadoras, que se repartían entre las ramas de los álamos, de las que seguían deshaciéndose los amentos. 




























Avanzamos un buen trecho, abriéndonos paso con la ayuda de alguna rama caída, teniendo precaución con las abundantes ortigas y espinas de las zarzas. Las cicutas por esa zona superaban los 2 metros de altura, con gruesos troncos, emulando a jóvenes árboles. 

Cicuta (Conium maculatum)

Cicuta (Conium maculatum)

Cicuta (Conium maculatum)











Otras plantas y flores iban apareciendo en nuestro camino, destacando las crestas amarillas de las cerrajas (Sonchus oleraceus), o el azul de la comúnmente llamada lengua de perro (Cynoglossum creticum), con pelos adosados a tallo y hojas, sobre los que también se adherían las pelusas de las semillas de los álamos.

 

Cerrajas (Sonchus)










Cynoglossum creticum

Cynoglossum creticum












Ramas y troncos caídos, dispersos cañaverales, troncos de álamos enfundados en Aristolochia baetica, destacando entre las trepadoras hojas, los erguidos candiles de tonos marrones, fueron algunos de los componentes del ausente sendero, antes de no poder seguir avanzando, pues la maleza formaba una densa cortina. 




Subimos hasta el carril, y continuamos hacia delante entre álamos y la lluvia de sus semillas, que se desplazaban lentamente, quedando prendidas entre ramas y arbustos, aunque la mayoría se posaba a nuestros pies, dejando el terreno cubierto, por estos imitadores de copos invernales. 

















Llegamos a campo abierto, donde el río estaba libre de arboleda por nuestra orilla, pudiendo fotografiar su curso en ambas direcciones. 














Desde esa posición, la vista alcanzaba toda la loma en diferentes alturas, siendo el plano más cercano el de un eucalipto de porte medio, rodeado de Opuntias cilindricas


Opuntias cilindricas












A la izquierda del grupo de cactáceas, se alzaba una pequeña elevación cubierta de margaritas amarillas (Glossopappus macrotus), que llenaba de colorido este mini prado, compartiendo el espacio con otras plantas, como las flores rosadas de la Fedia cornucopiae, bajo las que paseaban una pareja de  Berberomeloe majalis, con sus característico traje negro de rayas rojas. 












Fedia cornucopiae


Berberomeloe majalis










El violeta y amarillo de los Convulvulus meonanthus, el rojo casi púrpura del Tetgonolobus purpureusra, que se me asemeja a un sombrero mejicano levantado, con espléndido mostacho, o el lila de la incipiente Sherardia arvensis, con flores de 4 pétalos formando pequeños ramilletes.

Convulvulus meonanthus

Convulvulus meonanthus










Tetgonolobus purpureusra

Tetgonolobus purpureusra

Sherardia arvensis











Tras disfrutar un rato del paisaje, y buscar nuevas flores con el objetivo de las cámaras, emprendimos el camino de vuelta. Pasamos por los restos de la estructura del antiguo canal de riego, y tomamos directamente el carril, que a su lado izquierdo albergaba nuevos brotes y alineaciones jóvenes de Ailanthus altissima, con el  nacimiento de hojas verdes, rojas y amarillas. 












Ailanthus altissima

Ailanthus altissima


















Descollaba sobre el fondo verde, las flores azules de las borrajas, los álamos seguían espolvoreando sus semillas, y el camino continuaba cubierto de pelusa blanca, imitando la nieve.

 

borrajas










Pero nos quedamos con ganas de completar este recorrido, y continuamos la visita el día 6 de abril. La floración se había incrementado, y el colorido multiplicado. Las margaritas amarillas estaban mezcladas con el rojo potente de las zullas (Hedysarum coronarium), que en algunas zonas, conforme íbamos subiendo la loma, prevalecía dicha tonalidad sobre el fondo verde. 

zullas (Hedysarum coronarium)























Esta parte del río, presenta un combinado paisajístico de notable belleza. La loma montañosa que se eleva desde  la base del cauce derecho, está formada por Margas del Triásico, cuya pendiente es de color blanco y rojizo, siendo las vistas espectaculares desde esa altura, hacia cualquiera de los 4 puntos cardinales.













La densa arboleda, casi cubre el lento discurrir del Guadalete, destacando en altura los eucaliptos. 














Volviendo a la floración de la loma, bosquecillos enanos de Stachys ocymastrum, en forma de pinos con flores blancas y amarillas, llamada comúnmente albahaca campesina; variedades de Coronopus y de Cynaras repartidas entre la vegetación; grupos de Plantago lagopus, con forma de bellotas peludas, rodeadas de estambres con anteras amarillas. 

Stachys ocymastrum

Stachys ocymastrum



















Cynaras









Plantago lagopus










Otra flor vistosa que se había reproducido en abundancia, era la Convulvulus meonanthus, formando mantos de pequeños embudos tricolores, violetas, blancos y amarillos. 

Convulvulus meonanthus













Seguimos ascendiendo hasta alcanzar la parte más alta, pero la pendiente de bajada se tornaba peligrosa, y decidimos dar marcha atrás. Había mucho acebuche, algunos de buen tamaño, y distintas plantas y arbustos, como un Anagyris foetida, con verdes vainas colgando de sus ramas. 



Tras hacer un rengue a la sombra de un acebuche, pues el día estaba caluroso, bajamos por un carril que se unía con el sendero "nevado", que comenzaba con tarajesluego acebuches, muchos cubiertos por la trepadora Aristolochia baetica, que formaban mantos sobre los troncos, cubriéndolos casi en su totalidad; incipientes olmos, que pueden ser minor o glabra. Un Acebuche y un fresno de gran porte, crecían entre los abundantes álamos, cardos marianos altos, jaramagos, y el resto de espesa y variada vegetación. 

olmos



tarajes

cardos marianos









































El rojo y rosado de los Tamarix gallica, con flores en espigas de 5 pétalos y 5 estambres, ponen el punto final a esta nueva visita, dejando atrás el camino alfombrado y "nevado", que las pelusas de los amentos se encargaban de seguir cubriendo, tras 2 semanas de nuestra anterior ruta por los senderos del Guadalete. 





 








Por último reseñar que este tramo del sendero del río Guadalete, está contemplado en el proyecto presentado por Ecologistas en Acción, a cuya propuesta se ha adherido nuestra asociación.

Quien quiera conocer este proyecto solo tiene que pinchar en el enlace siguiente:

Sendero del Guadalete






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